sábado, 16 de marzo de 2013

Somos uno

Se puede decir que ya había estado enamorada dos o tres veces. Me había sentido querida e incluso había llorado por amor, ¿a quién no le han roto el corazón? Pero de repente, ahora, me doy cuenta de que nunca había tenido esta sensación. Es querer protegerte como si tu ser fuera mi propio ser. Sentir lo tuyo como mío. Pensar en ti cuando pienso en mí. Es derretirme por cada cosa que hagas o digas. Es ser feliz teniéndote pegado a mí. Cada día que pasa estoy más segura de que eres la mejor persona que conoceré en mi vida y de que quiero estar siempre contigo.
Feliz cumpleaños.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Enfermera comiendo caramelos

Después de 6 meses trabajando de mañana, he vuelto a las tardes. Se acabó el poder hacer planes los fines de semana. Pero lo peor de todo es que mi calidad de vida ha empeorado. Más de la mitad de los días no me da tiempo a merendar (ni a mí ni a mis compañeras, no es que yo sea la "lenta" de la planta). Lo que significa que llego a casa canina además de estresadísima. De eso que te metes en la cama y no te puedes dormir, porque tu cerebro va a mil, estás como hiperexcitada, sigues con el ritmo acelerado de la tarde en la planta y no puedes descansar. 
Además, salir a las 22 conlleva el llegar tarde a casa y cenar tarde, así que es imposible acostarte pronto!
Como no me bebo ni un vaso de agua en toda la tarde, tengo la boca seca, sensación incluso de mal aliento. Y una enfermera mascando chicle da una mala imagen. Los nuevos SMINT MINTS son ideales para tomar en el curro, porque además de ser discretos dejan frescor y buen aliento!
Son pequeños, aunque 3 veces más grandes que los clásicos smint, así que son mucho más duraderos.
Los he estado probando, en días de caos, de los de no merendar. Y en días en los que sí he merendado, pero no es agradable ir recién masticada a echarles el aliento en la cara a los pacientes.
Incluso después de fumarme un piti. Los SMINT MINTS son tan refrescantes que te quitan el aliento a comida o tabaco. Es una sensación de bienestar.
Lo mejor de todo es que son sin azúcar y que hay varios sabores, aunque ninguno me resulta demasiado fuerte, que a veces los chicles o caramelos de menta son tan fuertes que no hay quien los coma...

Yo creo que estos caramelos nos pueden salvar de cualquier apuro. Una cita inesperada (quién no recuerda "SIN SMINT NO HAY BESO"), muchas horas fuera de casa o incluso para calmar la ansiedad si tienes hambre o ganas de fumar. No lo digo como sustitutivo, sino como una ayuda cuando todavía no puedes comer o fumar.
He de decir que es muy agradable besar a alguien (mi pareja en este caso jeje) que ha tomado un smint. 

Estos nuevos smint vienen en cajitas metálicas, bastante más "glamurosas" que las clásicas de plástico. Además vienen más pastillas por caja, 50 caramelos! Iba a decir que duran un montón, pero yo he estado repartiendo entre mis compis y han volado! ¿A QUIÉN NO LE GUSTAN LOS NUEVOS SMINT MINTS?


 La gama Smint Mints está disponible en los sabores: Peppermint, Fresa, Spearmint y Balsámico, para que tomes el que más te apetezca en cada momento…



viernes, 17 de agosto de 2012

Era otra época

Era la época de Take That. Al menos la mía. ¿1996? Me acuerdo porque solíamos bajar al mercadillo y me compré un cassette, con la carcasa de plástico y fotocopiada en blanco y negro la portada. Lo escuchaba en un walkman, que me habían regalado el año anterior mis compañeros de clase del St. Mac Dara´s en Templeogue, al sur de Dublín.
El caso es que subía a toda prisa las escaleras hasta mi habitación cada vez que volvíamos del mercadillo. Ese verano me lo pasé escuchando el cassette. Me llevaba el walkman a todas partes. Salía al jardín con los auriculares puestos. Emilio lo tenía poco cuidado, las plantas salían por donde querían y el fondo de la parcela era únicamente tierra, a la espera de que hicieran aquella piscina con la que todos soñábamos y que nunca llegaba. Pero al fin y al cabo era campo, naturaleza y vida, bichos por doquier. Los cogía con la mano, hormigas, saltamontes... Me pasaba horas matando moscas, o intentándolo. Las avispas y abejas siempre me dieron respeto.
En aquella época no tenía que preocuparme de los granos o de cómo me quedara la ropa, ni de depilarme. No me daba vergüenza hablar con la gente, ni con desconocidos. Me acercaba a los perros que me cruzaba por la calle.

Era otra época. 

Nos dejaban más solos, más libertad. Nos íbamos en bicicleta y volvíamos sólo para comer. La vecina nos invitaba a merendar.
Se acababan las vacaciones y al volver a la cuidad en el coche de mi padre iba yo escuchando Take That en mi walkman. Aquel opel corsa no tenía radio, creo recordar que estaba el hueco, pero nunca vi la radio, y aunque la hubiera tenido, yo hubiera ido escuchando mi propia música.
Es un verano de los más tranquilos que recuerdo de niña adolescente, con mucha paz interior.


martes, 17 de julio de 2012

Se está muriendo, ¿lo ves?

Si ya es distinto cuando estás al otro lado y es tu familiar el que está ingresado, más impactante es cuando tu familiar se muere. Que sabes que se está muriendo, que ves cómo sufre, cómo se apaga. Cuando te aferras a cualquier detalle, por pequeño que sea, para intentar pensar que se va a recuperar, que va a volver a casa, si hacía dos días estaba comiendo y moviéndose, hablándote y, de repente, no te reconoce y mi madre dice que se ha quedado dormida. Pero yo sé que no está dormida, sé que se apaga. Al final más rápido de lo esperado porque sus riñones seguían funcionando, debía ser lo poco que funcionaba en ella. Descompensada total. Tensiones y glucemias medidas varias veces al día por distintas enfermeras. Esas que trabajan haciendo lo mismo que yo, teóricamente, pero con las que no me he visto reflejada, ni quiero verme. Me han repugnado. Su INDIFERENCIA. Ante mi abuela, ante nosotros, ante el sufrimiento, la agonía y finalmente la muerte. Por un lado de alegro de no haber estado allí cuando murió.
He sentido rechazo hacia ellas. Han sido incapaces de dirigir una mirada hacia ninguno de nosotros, ni una palabra. Han contestado a nuestras preguntas, siempre prudentes y educadas, a regañadientes, hablando al mismo tiempo que cerraban la puerta de la habitación.
Todo esto sólo me ha hecho sentir más PENA. Más frustración.
Sé que mis ojos estaban pendientes de todo, del ritmo del suero, de que no le tirara la bolsa de la orina, de los cambios posturales; no he abierto la boca, me he contenido, ni siquiera al ver que no purgaban ni un sistema de suero al que no habían llegado a tiempo de cambiar. Sólo quería que todo aquello acabara. Que le pusieran calmantes, que he tenido que rogar por un PARACETAMOL cuando se "agitaba" mi abuela.
Un hospital de San Juan de Dios, donde los voluntarios y religiosos han tenido más empatía con nosotros en 2 minutos de conversación que cualquiera de las enfermeras.
Quiero pensar que ha sido mala suerte. Que no hay enfermeras así, de las que se limitan a poner el seguril y se piran de la habitación. Sin mediar palabra y mirando al suelo. Si de pequeña hubiera conocido enfermeras así, no habría decidido ser yo enfermera.

Necesito que pase el tiempo, quiero dejar de estar así. Dejar de ver sufrir a mi madre, dejar comportarme como una bipolar, intentando estar normal, alegre durante el día y que llegue la noche y me entre una ANGUSTIA que no me deje respirar, que se forme ese NUDO en la garganta que nunca había sentido. 
Quiero que me deje de doler.

sábado, 16 de junio de 2012

La pena del turno de tarde

Estoy cansada de que mi trabajo no se valore. De llegar antes de mi hora y de nunca irme pronto. 
De recibir a todos los pacientes, ya sean programados o que vengan de quirófano y no poder dedicarles el tiempo que se merecen. Que las vías periféricas de la rea vengan en mal estado, que los pacientes vengan con dolor, o con globo vesical. Que haya 5 familiares de cada paciente en la habitación pidiéndome explicaciones.
Que su medicación habitual no la tengan pautada y que tampoco la hayan traído, que me pase la tarde llamando al busca del médico de guardia. Y que no me quede tiempo porque todavía tengo que hacer los planes de cuidados en el ordenador. Y aún me tenga que pelear con las de cocina porque no estaban bien pedidas las dietas y hay pacientes que se quedan sin cenar. ¿Qué culpa tienen los pacientes de que cambien el programa informático de dietas y no enseñen al personal a usarlo?
Me reclaman camas las de admisión pero yo estoy reclamando las ambulancias y se retrasan los ingresos.
¿Esta es mi labor? También estoy reclamando las radiografías que han pedido esta mañana y poniendo todos los antibióticos y heparinas.

Estoy cansada de que la gente piense que la enfermería estamos todo el día tomando café y de que sea el pensamiento generalizado de que "por la tarde no hay jaleo". Estoy cansada de que la mayoría de la gente, sí, tristemente la mayoría de los familiares, son unos maleducados y sólo exigen y vienen a presionarnos.
Y me duele que los que más prudentes y amables son, precisamente son lo que peor lo están pasando por la enfermedad grave de su familiar.

Pero lo que aún más me duele es que mis propias compañeras de mañana no valoren todo lo que hacemos por la tarde.

viernes, 2 de marzo de 2012

Esperando un resplandor

Pues resulta que está ingresado ya terminal (cáncer de estómago) un médico que fue profesor mío en la uni. La única vez que le ví sonreir fue escuchando Amaral en la habitación del hospital y me estuvo contando que le gustaba mucho su música. El caso es que se me ocurrió escribirles por las redes sociales, a Amaral, por facebook y sobre todo twitter, a ellos y a varias personas conocidas, en plan Ana Rosa Quintana, los 40 principales, cosas así, porque tienen muchos seguidores y más poder (pensaba yo). El caso es que al día siguiente me escribió Amaral por twitter pidiéndome mi tlf. Me llamó la representante, le conté un poco la historia y al día siguiente (o sea, antes de ayer) me mandaron el cd firmado, especialmente dedicado al paciente. Se lo dí ese día por la noche, que me tocó trabajar. Y nadie puede imaginar su cara, sus ojos, su sonrisa. Estábamos en la habitación todos prácticamente llorando, los pelos de punta. No se lo esperaba y nadie se imagina la ILUSIÓN que le hizo. Todavía estoy flipando yo. Gracias a la generosidad de Amaral, al poder de las redes sociales, de la gente, que me ha escrito muchísima gente, periodistas de tv... de radio. En fin, una sensación increíble.
Yo que sé! a veces pienso que no puedo con este trabajo, que tanta desgracia, tanto dolor, puede conmigo, más que ayudar yo a los demás. El domingo pasado llamó la mujer de un paciente a la planta para preguntar por él, hablé con ella, intenté traquilizarla, y al día siguiente había fallecido. Casi me da algo cuando me enteré....
Cada vez pienso más en vivir el momento, intentar no pensar tanto en el futuro, dejar de reservar todo para más adelante. Dejar de pensar que en el futuro todo será "mejor", simplemente disfrutar de lo que tengo ahora, que en verdad es mucho. Dejar de esperar.

domingo, 9 de octubre de 2011

Tapones de vías periféricas

El uso de tapones en vías periféricas, con membrana, que permiten conectar el sistema de suero o la medicación directamente a él, me hace preguntarme qué medidas de asepsia deberían llevarse a cabo. Son tapones que no suelen cambiarse a no ser que se obstruyan y que están en contacto con piel, sábanas.. y a los cuales conectamos directamenta la medicación, sin desinfectar primero.
Sé que, por supuesto, en el Infantil desinfectan todas las conexiones, así como en pacientes inmunodeprimidos y en Hematología. Pero, ¿debería realmente desinfectarse con todos los pacientes sin excepción? ¿Existe algún protocolo?