Si ya es distinto cuando estás al otro lado y es tu familiar el que está ingresado, más impactante es cuando tu familiar se muere. Que sabes que se está muriendo, que ves cómo sufre, cómo se apaga. Cuando te aferras a cualquier detalle, por pequeño que sea, para intentar pensar que se va a recuperar, que va a volver a casa, si hacía dos días estaba comiendo y moviéndose, hablándote y, de repente, no te reconoce y mi madre dice que se ha quedado dormida. Pero yo sé que no está dormida, sé que se apaga. Al final más rápido de lo esperado porque sus riñones seguían funcionando, debía ser lo poco que funcionaba en ella. Descompensada total. Tensiones y glucemias medidas varias veces al día por distintas enfermeras. Esas que trabajan haciendo lo mismo que yo, teóricamente, pero con las que no me he visto reflejada, ni quiero verme. Me han repugnado. Su INDIFERENCIA. Ante mi abuela, ante nosotros, ante el sufrimiento, la agonía y finalmente la muerte. Por un lado de alegro de no haber estado allí cuando murió.
He sentido rechazo hacia ellas. Han sido incapaces de dirigir una mirada hacia ninguno de nosotros, ni una palabra. Han contestado a nuestras preguntas, siempre prudentes y educadas, a regañadientes, hablando al mismo tiempo que cerraban la puerta de la habitación.
Todo esto sólo me ha hecho sentir más PENA. Más frustración.
Sé que mis ojos estaban pendientes de todo, del ritmo del suero, de que no le tirara la bolsa de la orina, de los cambios posturales; no he abierto la boca, me he contenido, ni siquiera al ver que no purgaban ni un sistema de suero al que no habían llegado a tiempo de cambiar. Sólo quería que todo aquello acabara. Que le pusieran calmantes, que he tenido que rogar por un PARACETAMOL cuando se "agitaba" mi abuela.
Un hospital de San Juan de Dios, donde los voluntarios y religiosos han tenido más empatía con nosotros en 2 minutos de conversación que cualquiera de las enfermeras.
Quiero pensar que ha sido mala suerte. Que no hay enfermeras así, de las que se limitan a poner el seguril y se piran de la habitación. Sin mediar palabra y mirando al suelo. Si de pequeña hubiera conocido enfermeras así, no habría decidido ser yo enfermera.
Necesito que pase el tiempo, quiero dejar de estar así. Dejar de ver sufrir a mi madre, dejar comportarme como una bipolar, intentando estar normal, alegre durante el día y que llegue la noche y me entre una ANGUSTIA que no me deje respirar, que se forme ese NUDO en la garganta que nunca había sentido.
Quiero que me deje de doler.